Y sí...

Un preguntarse, superadas las 20000 palabras, qué pasaría si uno lo dejara ahí. Asumir que es un camino hacia la nada, desvaído, otra empresa inútil y acariciar ese relajo que tiene la renuncia, que compensa el aliento fétido del fracaso con la caricia del tiempo, la libertad, recuperados. ¿Para qué?

Seguir y encadenar dos, tres hallazgos. Notar que la duda era por la exigencia extra del llegar a la cima, el absurdo deseo de descansar cuando sólo queda un metro. Queda la mitad del viaje ahora, con riscos y pendientes, pero todo es bajada y ha comenzado el deshielo.

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