Tarde del domingo

En los años cincuenta, finales, las tardes de domingo se llenaban de criadas ociosas por un rato. Si no lo pasas bien en esas horas, estás aviada para toda la semana, se dice en este corto de Carlos Saura, un excepcional ejercicio de carrera donde ya se nota el talento de quien tiene talento. La tarde del domingo era la diversión encajonada, por la fuerza, con la presión del quizá no me divierta, no quiera bailar, no quiera tomar más cocacolas en esa infame sala de fiestas, que pretende ser neoyorquina con todo el sabor a pueblazo, a Cuenca, a Toledo, en esos músicos con caras aún velazqueñas de hambre de siglos. La tarde de domingo, Madrid años cincuenta, es un lento avance en el cuaderno de la Historia, ¿por qué nos tocó esta época tan ramplona? Al menos está Visi arriba, con la que puedo despacharme a gusto a veces. Mañana es lunes y no lo he pasado bien.

Madrid, 1957.

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