Cigüeña

Escribir de verdad cansa. Escribir ficción, en el sentido de dejarte en manos de lo desconocido, sin un plan establecido, ni tirando de esa fuente más o menos predecible de la memoria, desgasta. No es tanto un cansancio sino una limitación, un elemento que se acaba, como la batería del móvil. No se puede hacer todos los días, como las aves no pueden moverse entre los continentes sin descansar en algún campanario, o donde sea que descansen. Así me siento a ratos, como una cigüeña en un campanario, dispuesto a emprender ese vuelo a lo desconocido. Porque escribir de lo conocido, sin incluir un margen de riesgo, de misterio, quizá no sea escribir, o sea escribir menos.

'Sillas en la playa', Gabriel Cualladó

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