Bilbao-Pamplona

Esas dos horas, justas, qué grata medida. Una para dormir, otra para leer. Qué feliz descubrimiento, cada cosa a, en, su tiempo El libro del desasosiego. En el prólogo, de 2015, se dice que apenas se cumplen 25 años de su publicación. ¿Cómo es eso? Me levanto a mirarlo en Wikipedia y, bueno, no es así del todo: se publicó en 1984. Ángel Crespo lo convirtió, leo, en libro-libro, y no tanto en ese conjunto de pessoadas algo dispersas, escritas por cierto en dos tramos vitales.

Pero yo quería hablar de la Pamplona a la que se llega tras un Bilbao. Porque nunca un lugar es un lugar, un lugar es el lugar más el lugar del que venimos. Y este lugar, mi Pamplona natal, me ha sabido un poco a cuartel, a meseta húmeda, a museo arrealista del franquismo, aún impregnado en fachadas, gárgolas y ensanches. Una ciudad sin accidentes, sin aristas, iñigos, una ciudad tirando a plana, que da la espalda a su historia y sin embargo tampoco mira al futuro, o lo mira de soslayo.

Comentarios