Caballos

Veo a una pareja de caballos por la calle de las Huertas. Me acuerdo de ese Baroja joven, quizá aún con pelo, médico, que cabalga en la noche invernal sobre el paisaje cerrado, nevado, de Cestona, para atender al enfermo. Me acuerdo de esa película de Fernán Gómez, de título elocuente: El último caballo. El protagonista se encapricha del caballo con el que ha hecho el servicio militar y lo compra, pero luego no puede dejarlo en ningún lugar: los párkings han sustituidos a los abrevaderos. La máquina ha matado al animal. La próxima víctima, pienso, al ver esos dos caballos anacrónicos montados por dos policías municipales, quizá seamos nosotros. O lo estemos siendo ya.


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