El sol brilla para todos

Caí en la cuenta en un atardecer de agosto, en Vallecas. Incluso los palacios más suntuosos tienen zonas privadas de ese regalo democrático, porque Dios quizá lo sea, y a lo mejor la felicidad también también lo sea (democrática). El sol. Porque los más ricos, mejor posicionados, nacidos en los países con mejores rentas, a menudo viven en sombra. De nuevo Gopegui: «Los seres humanos tienen esa capacidad de convertir casi cualquier modo de vida en un diamante único». Y, un poco más adelante, en su última y compleja novela: «...su vida en una ciudad dormitorio cualquiera de un país del sur era tan poderosamente extraordinaria como tú seas capaz de imaginar. Y no hay otra fantasía, dijo alguien, más sagrada que vivir».

Leo estos días la última novela, Entusiasmo, de Pablo d'Ors. Quizá nunca haya pensado, Gopegui, en las semejanzas de base, de mirada, que le unen con ese escritor sacerdote. Un deseo, a pesar de todo, de vivir en-theo-siasmado, que por ahí van los tiros del mensaje de Cristo, secuestrado por desgracia por unos y otros.

Cartier Bresson

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