De las flaquezas ajenas

Durante un tiempo, quizá hasta antes de ayer, pensé que el débil era yo. Daba por hecho que los demás se agarraban con más fuerza a la vida, que no tambaleaban, que su curso era firme, como los esquiadores experimentados al coger la percha del arrastre. Daba por hecho que el otro estaba, así en general, más jodido que yo. Esto podría haber provocado una falta de empatía, apoyado como estaba, yo, en esa creencia de mi inferioridad anímica e incluso un malestar en el otro, por tener que, desde su jodimiento, animar al menos jodido, generando sin duda algún tipo de rechazo, de desajuste en el sentimiento latente de justicia que nos gobierna a todos.

Nicholas Nixon

Comentarios