Esplendor en el techo

Acaba la película y apago el ventilador. Un poco de silencio, un poco de nada. Me fijo en el ventilador, sus aspas de madera, colocado entre las vigas también de madera, y me sorprende la parte central del aparato, en la que confluyen esas alas domésticas. Los destellos de ese dorado de pega me llegan nítidos, como si fuera la primera que viera un objeto, como si estrenara ojos. Y en cierta manera los estreno, gracias a unas gafas nuevas y una graduación nueva, más baja, que el nuevo óptico determinó creo, ahora sí, con gran acierto, pisoteando los errores contumaces de sus compañeros de gremio. Es un ventilador pop, como esas carpetas que teníamos en los ochenta con diversos objetos pop, como ese tintero negro derramado, siendo el pop un arte serio, pues acude a lo divino que hay en cada átomo del universo, devolviéndonos su magia, su misterio, su promesa latente de luz.

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