El escritor

Leo en Una ilusión, de Ismael Grasa, que una vez paseaba con su amigo «el escritor» Félix Romeo. En el manuscrito de un amigo que leí hace poco también se decía que se fue a la boda de «un amigo escritor». Nadie dice que fue a casa de su amigo X, el abogado. O de su primo Perico, el podólogo. En cambio, subrayamos la etiqueta escritor. Sigue teniendo, pese a todo, un extraño halo de prestigio. Porque cuando la leemos o evocamos pensamos en un escritor puro, que alguno habrá, que encuentra la paz en la contemplación, en la experiencia enriquecedora de la que hablamos ayer, y en el volcado posterior de todo ello en un folio en blanco, pacífico y feliz, que traza un círculo perfecto.

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