Restos

Llegar a casa y encontrar restos. Pero no de un naufragio, ni de un crimen, esas manchas de sangre en el techo, del libro que leo, siendo el segundo lector, de esa novela que aún no ha leído nadie, excepto esos dos lectores y el autor, que no es que lea un libro, el suyo, sino que lo lee tantas veces que deja de verlo, de leerlo. Volver a casa, tras la clase de inglés, tras unas cervezas leyendo el libro de las manchas de sangre, y encontrar los restos no de una fiesta pero sí de una comida, que es una fiesta moderada y en la que se puede hablar, y ver esos trozos de pollo ya resecos, el mojo sobre las patatas, las copas de vino con el poso químico y dulzón, el bourbon pegado al vaso, los culos de las tazas de café con el azúcar aferrado a la base y verlo todo como una fotografía de Édouard Levé y alegrarse de estar vivo.

23/05/2017

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