Cara de madridista

Entro a tomar un café en lo que tiene toda la pinta de ser un bar de aficionados al atleti(co de Madrid). Creo que me hice del (Real) Madrid por mi rechazo a esos feudos del cuñadismo más autóctono que son muchos de estos bares colchoneros, con la foto del pueblo castellano, el origen, amarillo viejo, España vacía, bien grande. En esta mañana de 11 de mayo, se oyen cánticos que tratan de restañar el daño de la víspera. Si Unamuno viviera, sería del Atleti, escribe Bustos, por aquello del sentimiento trágico de la vida, que es un poco el arte de citar tirando, lo que viene siendo, de título. En la barra, esputos orales sobre el partido, que si fue penalti, que si fue fuera de juego. Hay un momento en que el recoleto casticismo se torna en cutrerío nivel estomagante. Creo que se me nota. El desprecio interior. Mi cara de madridista, de tipo que lleva americana de sport y se peina. Un señorito, seguramente, para la parroquia currela. Y quizá lo sea. Y quizá se me note. Y quizá alguno quisiera escupirme sin haber abierto yo la boca. Me gustan esos grasabares, lo que no me gusta es la grasa de ciertos comentarios, de ciertas almas. Por todo eso el dueño me devuelve mal el cambio, de lo que me doy cuenta a tiempo y hasta me disculpo por mi tardanza en la aritmética, no queriendo hacer más leña de esa barra caída del cuñadismo al que ni siquiera el fútbol le mitiga la existencia.

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