Penes y vulvas

A veces veo manos o bocas como extensiones visibles no ya de lo invisible, sino de lo oculto por decoro. Así como el Battiato de Fisignomica ve en tus falanges si eres dado al dispendio o a la tacañeria, o si eres orgulloso, fiero o bien vil, yo veo los pliegues de tu coño, las curvas de tu polla, en tus miembros expuestos. Y no me gusta. No me gusta adivinar en las manos redonduelas, callosas, arbóreas de ese músico acústico un pene igualmente tosco y feote, ni en los labios tímidamente africanos de tal chica una vulva demasiado abierta, expuesta, visceral, o en la boca discreta un sexo pequeñito, prieto, ajeno. ¿Y por qué no me gusta? Quizá por un pudor ajeno, por un exceso de información no solicitada que obtengo del vampirizado interlocutor, por un rescoldo de misantropía.

Samuel Silva (a bolígrafo)

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