Vulgarización de la literatura

En el sentido de acceso a todo el mundo, como se vulgarizó en su día el esquí, el volar o las visitas a los museos, para los que había una barrera no económica sino como de estatus, yo ahí no entro, y ahora resulta que hay colas y filas. Como las que había ayer en la presentación de 'Clavícula', de Marta Sanz, en cuyas puertas nos quedamos, Serena y yo, alegres por un lado por ver que la literatura no es siempre cosa de cuatro marginales y, yo al menos, con un cierto runrún de si aquello se habría llenado de ociosos, de público que gusta de decir que va a presentaciones de libros cuyos libros apenas compra o lee, en la presentación más desbordada que recuerdo, en la que también andaba que si Almudena Grandes o Manuel Gutiérrez Aragón, y quizá una joven autora con talento que el mundo descubrirá pronto, y al final pensé que puede haber éxitos puros, trayectorias culminantes, y una expectación natural, legítima, lograda a base de títulos y solvencia literaria de la que no puedo opinar pues apenas he leído algo de Marta Sanz.


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