Maradonita

Hoy es el cumple de Maradonita. Era compañero del cole. Casi estuvimos a punto de ser amigos, como con el resto de la panda, pero no llegó a cuajar. Jugaban a fútbol. Vivían demasiado deprisa, con demasiada intensidad, ruido, violencia, sudor. Siempre se quitaban el jersey del uniforme, yo rara vez. Se pasaron pronto, mucho, al lado más salvaje de la vida. Me caía bien. Su padre tenía un coche antiguo que me hacía pensar que nuestros tiempos, finales de los ochenta, eran aún más antiguos de lo que pensábamos. O no tan modernos. Ese coche hacía de nexo con el pasado, un nexo que el pop y cierta estupidez se encargaron de romper, condenándonos a lo que Marcel Dubuisson llamó la cadena rota. Su padre tenía cara de rana, de personaje de Ibáñez. Como los que aparecen en La caza, de Saura. España a través de los rostros, siempre algo toscos, irregulares, ajados y cuarteados por el sol toledano. 

Cada 7 de marzo, no sé por qué, me acuerdo de su cumpleaños, como del de Robertito Jiménez Goñi, el 21 de este mes, o el de Jacinto Yesa Argaya, el 19 de mayo. Tampoco cuajó la amistad. No la busqué mucho. Notaba que yo era un instrumento de cuerda y ellos de viento. Percusión, mejor. Nunca me sentí solo pero sí solista.

Comentarios

Entradas populares