La originalidad paralizante

Es artista, el verdadero al menos, alguno hay, es un ser humilde. Acepta la influencia y la guía de quien elige como maestros y, sólo después de ir de su mano, como Darwin hizo de Alexander von Humboldt, se sueltan y tratan, también con humildad, de decir algo que no se había dicho. O que necesitaba decirse de nuevo. O con las palabras actuales. Ese artista es humilde también en sus hábitos, porque nada más humilde que trabajar sin ni siquiera la certidumbre de que el fruto de ese trabajo vea la luz, sirva para algo. El mero camino ya sirve, en cualquier caso, y el artista, como los antiguos chinos, sabe de eso y se guarda ese secreto para sí. 

Pero el artista auténtico es humilde también porque se ciñe a un medio de expresión milenario, la literatura, la pintura, el que sea. Elige un canal que otros miles de artistas, tan verdaderos como él, emplearon, y se conforma con ser una sola cosa, que es lo contrario a ser Dios. Aceptar que sólo somos a A functioning cog in some great machinery serving something beyond me es el primer paso para ser un artista, produzcas o no obras de arte, y no otro gilipollas más.

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