La felicidad de los niños

Los niños son felices hasta que les demuestren lo contrario. Lo vemos en la niña que irrumpe, despreocupada, encantada de haber nacido, en el improvisado set de rodaje del experto británico en Corea del Norte y se lleva una suerte de guantazo traumático para toda la vida. No pasa nada, señores maduros impropios de ese nombre, porque entre un niño en el plano. En el desproporcionado y violento impulso de quitarlos de enmedio, como si fueran apestados, se encierra toda la mezquindad del adulto, el adulto que mató al niño. Esos niños acabarán tan alienados como sus estirados padres; una pena. Yo, como la niña despreocupada, creo que se puede ser niño siempre, feliz siempre, siempre que nadie te joda la marrana.

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