Filofobia

Recuerdo un pasaje de Filofobia, de Marcel Dubuisson, en el que reconoce su no ya odio sino miedo al amor, tras, dice, unas experiencias que lo «vapulearon». Me gustó esa expresión, el amor que pasa como una apisonadora, como un ácido sulfúrico en rostro afgano, como cal viva en un campo que antes era fértil. Si bien se regodea en la autocompasión, lo cual es una delicia en tiempos en que no se permite un poco de psicodrama propio, Dubuisson expone su pavor, en un momento dado, a empezar una nueva relación, parecido terror al del otrora aficionado al atún crudo que estuvo a punto de irse al otro barrio tras un ataque de anisakis. No es tanto un duelo, sino un estatismo de las emociones que lo condenarían durante una década larga a una errancia estéril, egoísta, nada reseñable, en la que, eso sí, escribió sus mejores libros.

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