Solitudes

«Siempre preferí los apartamentos pequeños a los grandes; incluso cuando pude permitirme los segundos, opté por minúsculos habitáculos que sorprendían a los agentes inmobiliarios, siempre tan ladinos. En esas cajitas de cerillas me sentía como en un barco estático sobre un mar amigo, y la soledad era menor, llevadera, cálida, amiga también, pues todo mi yo se irradiaba por la estancia, como cuando tu cuerpo, dentro del, saco, te calienta a ti mismo en la noche en la montaña».

Marcel Dubuisson, Diarios, 1998

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