15.12.16

Mis mejores lecturas de MMXVI

Elijo los libros que más huella me han dejado y con cuya lectura más he disfrutado, de entre los publicados en 2016. Empiezo por el último en llegar, pero quizá el que más me ha sorprendido. Son relatos en los que, como el propio autor ha dicho, lo extraño y lo cotidiano conviven en singular armonía y conflicto. David Pérez Vega logra lo que para mí tiene que ser la literatura, como les digo a los alumnos del Tayer: precisión y misterio. 

Una voz narrativa en las antípodas del postureo, sencilla pero capaz de abrir la vía de lo complejo: de las relaciones modernas, de la educación, tanto en público como en privado, de las aspiraciones, de las asperezas de la globalización, de lo insondable de las grandes ciudades. Una prosa que compararía con la de Roberto Bolaño, Jonathan Franzen o Agustín Fernández Mallo, sensibilidades en las que enmarcaría este conjunto de relatos, unidos todos por un tono común, sobrio pero no frío, en Koundara, premio náuGrafo 2016.





La España vacía de Sergio del Molino es un libro valioso porque nos hace conocer más y mejor nuestra casa, esa piel de toro que diría aquel de la que hasta hace poco hablar, con visión de conjunto, era poco menos que tabú. Sergio lo hace y en un lenguaje actual, que no le resta rigor ni enjundia; desde que lo leí, ha cambiado el concepto de mí mismo como ciudadano madrileño. Se le ha añadido una capa poética: la de vivir en una gran urbe aislada. Muy propio para un náuGrafo de asfalto. 






Cocaína se lee como una raya, lo cual no le quita mérito, no es fácil enganchar al lector, pero es más que un relato autobiográfico al uso. Daniel Jiménez ofrece un texto sincero y hondo más allá de las citas con el camello, transido por un dolor anterior y que va más allá de la dependencia o no de la blanca sustancia, como es el duelo. 'Cocaína' es un libro gestado desde el dolor vivo y eso se nota. Un libro verdadero que se apoya sobre un tema poco menor: el deseo de salir de nuestro propio lodazal. 




Los relatos de Sara Mesa son literatura de la buena. Nacen, como la buena literatura, del motor autobiográfico, siendo, como, ella misma dijo citando a Gil de Biedma, fieles no tanto a los hechos como a los sentimientos. «Un escritor debe ser el escritor que debe ser», dijo la autora de Mala letra una tarde de mayo con Rafael Chirbes aún con nosotros. Y ella ha logrado ser la escritora que debía ser. Y que siga siendo. Amén.



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