Reflexión pija

Veo en el gimnasio una serie de consignas, casillas, armaritos, fuera del vestuario en sí. Casillas que sirven para que la gente, los clientes, guarden cosas. Recuerdo casillas parecidas en el Club de Tenis de Pamplona, escenario de la infancia y su correspondiente felicidad. Pero también recuerdo cómo cada día nos preparábamos la mochila, con sus cotidianos elementos lúdicos: raquetas, pelotas de tenis, toallas, etc. Treinta años después caigo en la cuenta de que si hubiéramos alquilado una de esas taquillas, quizá a un precio asumible, nos habríamos ahorrado durante los casi noventa días del verano de esa carga. 

Es un pensamiento recurrente. La de cosas que habremos hecho mal en la vida y nos enteramos décadas después. Supongo que conforme nos vayamos haciendo viejos caerán, como las frutas de un guindo, un buen puñado de revelaciones parecidas. 

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