Magia

Cuando dejé de creer en los Reyes Magos, sentí una cierta desilusión. Sin embargo, no supuso un antes y un después en la biografía de mi felicidad. La magia siguió. ¿Por los regalos? Y algo más. Como si la invención de los Reyes Magos fuera posterior a la existencia de esa magia; un embalaje necesario para poner palabras, forma, a lo que de suyo ya estaba en el aire. Pues así, con todo. Dios estaba antes de las religiones, instrumentos, en el sentido literal, musical, a menudo torpes para expresar esa cosa inmanente que podemos llamar magia. 

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