La mirada

En la presentación del libro sobre la condena de ser homosexual, de LM, veo a MGT, con zapatillas urbanas rojas y blazer. Me localiza con la vista, casi nos tocamos y derrama sobre mí una mirada agria, avinagrada, como de odio macerado que entiendo no es personal, porque nunca he hablado mal de él, es más, lo he entrevistado y he defendido su libro aquí y allá. Pero recibo esa mirada inquietante y su no saludo. 

En la presentación de RV de su libro sobre la muerte, charlo con OE, que nunca sé si vive en Burgos o en Madrid y resulta que más en Madrid. Le pregunto por su ocupación y me contesta que darle a tecla. ¿Artículos?, pregunto. No, no, dice, como eludiendo lo evidente. ¿Escribir? No hay más preguntas, señorías, porque me quedo algo estupefacto, un escritor que se dedica a escribir, y porque la profesión, si es que existe, de escritor, no da pie a muchas curiosidades más.


Veo a GY que viene de amarillo jovial y para romper el hielo le pregunto sobre sus próximos temas, sus próximas inquietudes. Ha abordado ya dos temas claves, el duelo y el terrorismo, en el mismo libro. ¿De qué hablará en los siguientes proyectos? Noto que he pisado un callo, que me he pasado de confianzas. Somos del norte, ojo. O quizá no. Quizá no supo encajar un comentario que quería ser amable a lo mejor le pareció todo fenomenal.


Más raro fue el encuentro con RI, escritor navarro de nariz griega, apasionado por esos temas clásicos, que por lo visto arrastraba un agravio contra mi persona, por haberle citado mal, o eso dijo, hecho que en su imaginación se había intoxicado en un poco menos que en ponerlo a parir. Todo venia de una encuesta que hice sobre escritores navarros, a lectores navarros, en que me dieron una relación de los autores que frecuentaban. Y no salía el nombre de RI y yo señalé su ausencia, como si haces un sondeo sobre los mejores filósofos griegos y no te citan a Platón. Pero nada, tuve que recibir un par o tres de collejas orales: «Tienes que mejorar la comunicación y cuando te tratan bien, corresponder». 


En estas misas laicas siempre quedan cosas buenas. Como subsanar un malentendido o metedura de pata de este que escribe con alguien que no lo merecía, o frases que te vuelven al rato. Como la de RV al agradecer nuestra presencia en su presentación: «Si habéis venido habéis renunciado a hacer otras cosas y eso es algo que valoro». También me gustó otra reflexión suya sobre la reencarnación: «Si yo me reencarno, ¿puede reencarnarse también un delfín». 


Pero lo mejor es acudir a esos encuentros con un cómplice con nombre de flor espinosa y sedosa y límpido monte aragonés.



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