27.9.16

Umbral y el invierno

Así como hay escritores sifilíticos o tuberculosos (esto se lo oímos a Mathias Enard, pero no sé si es suyo), creo que hay autores de invierno y de verano, como las colecciones de moda. No tanto para leer en una estación u otra, que también, sino que se asocian a tal clima. Así que procede leerlos más con esas campos térmicos y respectivas atmósferas. Umbral me hace pensar en el Madrid de otoñinvierno, que es el reverso de la ciudad, como las monedas y la luna también tienen su reverso. Cara o cruz, luz y sombra. A Umbral lo asocio a cafeterías con bufanda, a castañas callejeras, a café con leche calentorro en el Gijón, al Retiro pelao, a exposiciones solitarias en el Prado un martes de febrero, a salones con mujeres y pastas en el Palace, donde el botones nos quita diligentemente el abrigo que va directo a guardarropía. 

Quizá sea por su infancia en Valladolid, ciudad fría de cojones (y ovarios), que marcó su infancia y primera juventud, y por tanto el tuétano de su ser. Las ninfas es una novela de invierno. Quizá Umbral no era un ser de lejanías, sino un alma fría, aterida, que a duras penas buscaba el calor a través de sus lectores. 

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