Renunciar

A ser educado o bienqueda en el momento en que te cuesta un esfuerzo. Esa diplomacia pesada que se desplegaba antes un poco porque sí, por si acaso, era lo que tocaba, y luego un poco por intereses de todo tipo: sociales, laborales, sentimentales incluso. La cortesía como latente maquinaria hacia el triunfo. Claro que uno puede ser muy cortés, en ese sentido de tener que rebajarse incluso hasta la adulación impostada, hasta el peloteo más chusco, y no comerse el colín. Renunciar, en cualquier caso, a todo eso y quedarte con la criba resultante. Una apuesta algo suicida pero que seguramente compense. 

Comentarios