Admiración

El fenómeno fan, a partir de los 30 años, adquiere un toque ridículo. A no ser que esa admiración incondicional remita a la infancia, porque entonces no hay tanto un amour fou por tal artista de variedades, escritor o saltador de vallas, sino un abrazo con nosotros mismos, con la felicidad pura de quien entonces nos acompañó en esos años luminosos.

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