Santa Elena

La soledad de Napoleón en Santa Elena merece un poema, o un relato, una novela, incluso. Náufrago a la fuerza en una de las islas más aisladas del mundo, a principios del XIX, cuando la inexistencia del transporte aéreo hacía a las islas más islas. La isla más cercana, Tristán de Acuña, la más alejada de la Tierra, en pleno Atlántico, con la única compañía de Santa Elena a buen puñado de miles de kilómetros. Y en ese punto, el emperador que pudo haber tenido a Europa comiendo de su mano, exiliado, repudiado, desterrado, hecho isla, condenado a morir de soledad. El antirobinsón. 

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