Posesión compartida

Leo un post que habla de un aspecto de la paternidad. El autor dice «nuestra hija» en lugar de «mi hija», cuando la tendencia natural quizá sea hacia lo segundo y lo primero quizá una corrección política, una tendencia inclusivista del lenguaje que recuerda siempre a la madre, a la esposa, una tendencia amorosa, que nos hace mejores personas, en pequeñitísima proporción, pero mejores personas, ya que nos proyectamos en el otro, lo llevamos con nosotros, con el mero hecho de trocar de pronombre posesivo ya estamos regalando un pequeño homenaje. Pero se me hace raro pensar en el autor, o en cualquier otro padre, en ausencia de su mujer, diciendo «ayer nuestra hija dijo su primera palabra». Lo cual, por otra parte, no es nada grave. 

PS: Veo a otro autor posar con su hija. Dice mucho «mi hija» y me sabe raro. Además, se fotografía con ella para mostrar esa ternura viril del padre feliz. La pobre niña no tiene la culpa. Añade, además, unas sentidas palabras contra la barbarie dogmática religiosa y coloca una cita de un poeta pacifista. Repite lo de «mi hija». Despierta mi lado hater. Los hijos no deberían tener pronombres posesivos y, menos aún, únicos. El padre quizá sea el menos dueño de esa inocente criatura.