La vida como recorrido del encierro

Nunca lo había pensado, creo, hasta ahora. Pero el éxito de los encierros de Pamplona se explican por detalles como ese. Los más de ochocientos metros del punto A (corrales de Santo Domingo) hasta el punto B (toriles de la Monumental) pueden ser una analogía del relato de la vida. A mis 37 recién cumplidos, me situaría en el punto crucial de la entrada en la Estafeta, tras el golpetazo contra la que fuera tienda de la familia Guerendiain. Sí, con o sin antideslizante, supongo que también he acusado el golpe de entrar en la parte seria de la vida, esa arteria recta y levemente ascendente que es la hora de la verdad. La vida era esto, una Estafeta llena de obstáculos, brazos, piernas, astas amenazantes pero por fin tu carril. Y comprobar cómo poco a poco se acerca la curva de Telefónica, el callejón y el fin que llega en los toriles, ese fundido a negro del que no sabemos nada. Al día siguiente, eso sí, the sun also rises.

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