Adenda sensacional

No todos son magdalenas de Proust (en mi caso, Cacaolats, mañana me compraré uno, sin falta), ni aquellos caramelos de anís que nos daba el cojitranco pero entrañable tío Antonio, ni esos helados de mantecado, palabra extraña dónde las haya, quizá para decir vainilla de un modo más costumbrista o a saber. No, amigos, también hay sensaciones nuevas que vamos incorporando incluso a ya nuestra casi  mediana edad y que en el futuro, la edad provecta, también recordaremos como algo propio de una época, de unos años. En este caso, el olor a pies de este verano y el anterior de adoptar un nuevo calzado estival, a todas luces mal gestionado en lo tocante a transpiración podal.