Vacaciones

Venía pensando últimamente en algo que acabo de leer en el blog de Alberto Olmos y con el que coincido también y que él ha llamado vacación de la vocación, cosa que me parece muy pertinente y que me pide el cuerpo, y de la que también hablé justo ayer con Javier Serena, sobre cómo puede resultar hasta ridículo eso de querer ser escritor profesional que saca sus títulos como churros tenga o no algo que decir y qué máxima satisfacción, y la vocación sólo es cuando no se convierte en oficio, ir sacando títulos porque se tiene algo que decir y esos títulos conforman una biografía literaria con más o menos empaque, un legado del que uno se enorgullece al estirar la pata y no tanto más ruido en esta jauría de egos y contratos. Sensación de haber echado el resto durante un tiempo, en lo escrito y lo vivido, no tanto en lo publicado, por eso uno seguirá en la brecha, pero con los sentidos en barbecho por haberlos estirado demasiado en el pasado, poniendo a veces en riesgo no ya la propia felicidad, sino la propia vocación.

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