Verano

Vamos avanzando hacia la adultez, hacia la templanza de las emociones, la sensación de que la vida pierde cierto cariz de novedad y uno se instala, va, viaja, velocidad de crucero, próxima estación Tudela de Navarra. Así al menos lo veo en mis coetáneos que viven la vida que les corresponde, unos críos por aquí, un dúplex por allá, vidas laborales estables y que incluso superan los dos dígitos de antigüedad en la misma empresa. Entonces puede venir una sensación como de corriente fría en el hasta entonces cálido Mediterráneo y un aliento poco menos que a molicie en una cinta transportadora hasta el discreto final. 

Me miraba hoy al espejo en La Fugitiva. Bien. Uno ya no es ese estudiante de Salamanca despreocupado, aunque a veces no viva demasiado distinto a él, pero aunque pasen los años nunca es tarde del todo. El espejo me dio esa revelación. Así como nos gustaba, de pequeños, el verano como tiempo acotado de felicidad, la vida puede verse también como un verano parecido al toro: lo es hasta el rabo. Nos gusta más junio que septiembre, pero todo es verano, todo es vida. 

Comentarios

Entradas populares