Recital

Ayer fui a un recital de poesía. Detecté un meme en forma de acento que se traslada de un recitador a otro. Es una cadencia curil, depresiva, como de Virginia Woolf anémica, pero eso debe de ser lo que se estila ahora. Timidez. Toleramos a los tímidos, pero no en el escenario. Joder. Sólo Gonzalo Escarpa y Antonio Rómar me han hecho disfrutar en un recital de poesía en Madrid. En poesía recitada, el 80% es la recitación y el resto, ya si eso, el texto. No se quieren enteran los poetas (las poetas, en el caso de ayer) que nos regalaron un rosario de versos cadenciosos apelotonados para la patulea bohemiesca (que merece capítulo aparte) que si algo generan es un abotargamiento de los sentidos. Recordé entonces aquel aforismo que dice que la verdadera poesía es todo aquello que está fuera del poema. Fue mientras miraba el menú, con sus tataki de atún y sus solomillitos de ciervo. Entonces sí, aprecié algo de poesía. 

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