Mariposa blanca

Me contó S. que se encontró el otro día una mariposa blanca medio muerta. Caí entonces en que los insectos también padecen sus agonías; las hemos visto muchas veces, pero quizá miramos hacia otro lado. Él la colocó en un lugar más lustroso para recibir el fin. Lo hizo con el corazón en un puño, porque las mariposas blancas le recordaban a su abuelo. Vivía en México y siempre les decía que, cuando vieran una mariposa blanca, aquí, tan lejos, era porque él se la había enviado. Ayer me encontré una, viva, y me acordé de esta historia y del abuelo de S., a quien nunca conocí, pero cuya mariposa llegó también hasta mí.

Comentarios