Casamuseo2

Ser humilde mientras recibes los laureles máximos. Esa me pareció la expresión de Saramago, en la foto de su despacho en Tías, al pisar la alfombra de Estocolmo, coronada por la N solemne de Nobel, en unos tiempos en que la mayoría de los reconocimientos, distinciones, boatos varios están más vacíos que el cerebro de un caracol, a excepción del galardón sueco. Hay vida más allá de la gloria, la vida del post Nobel, una satisfacción secreta, sobre todo si llega en la vejez, y más aún cuando uno se ha hecho a sí mismo, desde el autodidactismo más radical. «Aprendió francés leyendo», nos dijo la guía. Idea para un relato, fabulación pura, la de ese triunfo paladeado cada mañana al levantarse. Soy Jose, premio Nobel de Literatura. Pero la humildad no debe olvidarse nunca, recuerda el portugués, no en vano el discurso que pronunció ante la Academia empezaba de esta manera: «El hombre más sabio que conocí no sabía leer ni escribir...».

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