Agobios absurdos

Como que la Biblioteca Nacional de España, ya de por sí saturada y por tanto delegada en la sede de Alcalá —cosa por otra parte frustrante porque deja de ser un sitio al que ir en busca de todos los libros para convertirse en un lugar ir al que ir a pedir un libro para mañana—, no dé abasto con tanta novedad. Y que nadie tenga la santa decencia —no seré yo— de callarse editorialmente para impedir que los árboles nos tapen el bosque.

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