Vivir mil años

El otro día vi 'Teorema', de Pasolini. Está rodada en 1967, o 1968 si me apuras. Me interesó especialmente ese viaje en el tiempo, en una película filmada en color, de esos años en los que la generación de nuestros padres apenas eran veinteañeros. Johan Cruyff, mismamente, se casó a finales de diciembre del 68. Se me quitó la nebulosa absurda con la que mi mente identifica esos años. Los finales de los sesenta se parecían mucho a los ochenta: mismo mobiliario pretencioso, rompedor con el clasicismo actual, un intento provinciano de modernez, líneas rectas, coches ridículos, mucho fiat y seat, utilitarios. Aburrimiento por la tarde. No todos los días, en los sesenta, tocaban los Beatles. No todos los días, en los años setenta, era Woodstock. Los años sesenta, en Europa, en Francia, en Italia, eran como los ochenta en España. 

Ver esa película, con su color y fidelidad a esos años, me ha acercado a esa época. Tanto que parece que he vivido allí. Ya no tengo 36 años, sino 76. Pero no me siento viejo, sino una especie de viajero del tiempo a la caza de nuevas décadas que conquistar, que clarificar, que asumir tanto como si las hubiera vivido. Quizá para eso y no otra cosa se inventó el cine.

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