Termicodinámica

A veces me baño. Es un rato para ir a yoga ahora que no voy a yoga, y dedicarlo a la caja vacía. A veces leo algún libro. Hoy, quemaba mucho el agua. Coloqué mis pies en la superficie y se escaldaban. Hube de sacarlos. Me impacienté así que los volví a meter, con la firme promesa de que ya no los retiraría más. Tenía un aliado, eso sí. El grifo de agua fría, apuntando directamente al foco del dolor. Sentí la certeza de que aquellos segundos que me hicieron pensar en el pobre Giordano Bruno serían contrarrestados por la fuerza reparadora del frío. Y no me equivoqué. Hasta el otoño tiene un límite.

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