Molestias

Tras una conversación más bien atascada sobre las bondades de una Cuba "necesaria", plagada de argumentos manidos propios de cierta doxa que denuncia ciertos abusos pero perdona otros, y un segundo plato que al final me acabó resultando largo y pesaroso, y mira que el lugar era idílico, le dije a mi interlocutor que sus comentarios me estaban molestando. Se jodió cierto nivel de conversación civilizado, pero se compensaron otros agravios. No sólo me molestaron las ideas, sino el dogmatismo con que se ponían sobre la mesa, desde un izquierdismo huero y de salón. Y me molestó tener que gastar saliva ante una retahíla de argumentos de tertulia televisiva. Me molestó también tener que enfrentarme, pero no me salió quedarme callado y creo que hice bien. 

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