La otra cara

En el comentario que hacemos sobre los demás, normalmente entre dos, tres personas como mucho, hay una cara menos conocida, como la oscura de la luna, que la de la maledicencia. Es aquella en la que no se hace un repaso a la parte menos agraciada de la persona, sino que se destacan, o rescatan, como hace un poco el arqueólogo con los objetos bajo tierra, las virtudes de esa persona. A diferencia del arqueólogo, que pondrá tal vasija fenicia a la vista de todos, estos comentarios que hacen justicia a la persona quedan en un limbo inútil. No sabemos si sucederá algo contrario a ese pitar de oídos que dicen que surge cuando hablan mal de nosotros. 

Pero no deja de ser una pena que la persona aludida quede al margen de esas palabras. Quizá uno escribe un libro para eso, para enfrentarse a las malas críticas, pero también a las loas. En este caso, comentábamos el prodigioso saber enciclopédico, pantemático, el carácter humanista, la curiosidad siempre en guardia, la capacidad para hacer de la vida un lugar ameno y no un valle de lágrimas, sin molestar a nadie, de esta persona. Y una insobornabilidad del carácter, de los hábitos, a menudo a contracorriente, con la valentía que eso implica. 

Hoy es su cumpleaños.

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