Solución

Lo he pensado a menudo, he escrito sobre ello, pero como en un acto de rebeldía hacia mí mismo pareciera que lo he olvidado, o que ha quedado en la espuma de la teoría. Aquello de la lucha. Matar el habitante ocioso que genera esos pequeños abismos de nada. Impedir que te haga retroceder, que te condene a la parálisis. Hacer. Especialmente cuando no apetezca. Dar por buenas y quizá ya suficientes todas esas horas de construcción de un yo propio, resistente. Ponerlo manos a la obra. Labor de picar piedra, no es tan complicado. No hay que armarse de valor, nadie va a la guerra. No hay ninguna guerra ahí fuera, sólo contigo mismo. Se gana en pequeñas batallas. Horadando la pared de lo abstracto, lo quieto, lo estático, para sobreponeros a ese enemigo invisible y avanzar. Templarle al toro correoso de la dispersión. Cultivar con denuedo esa actitud, y entonces estar ya en capacidad de otras piruetas mayores. Salir por fin del círculo vicioso.

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