Mensaje navideño

De igual modo —y quizá fuera esto lo más determinante—, fue allí donde supe ver que en aquel movimiento mediante el cual me había agachado para arrodillarme consistiría toda mi vida. Que en eso, en un abajamiento constante, había consistido la de Jesús. Que mi lugar, como el Suyo, era el último; y que sólo si descendía hasta él encontraría eso que en el Evangelio se conoce por bienaventuranza y que los hombres, sin saber a qué se refieren, llaman felicidad. 


El olvido de sí, Pablo D'Ors, Pre-Textos (2013) 

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