Lucha

Hay que luchar para no hundirse. Con tus propios medios y los que te salgan al alcance. La tabla. Pero la vida no es una lucha, no hay que vivir en guerra. Sí, a lo sumo, en peregrinación, en un marcha constante hacia un camino de felicidad. Uno de los libros que más me ha enriquecido de este año que termina es 'El olvido de sí', de Pablo d'Ors, ampliación de 'El amigo del desierto', ambos sobre la figura de ese peculiar religioso que fue Charles de Foucald. En 'El olvido...', Pablo d'Ors lleva a cabo un prodigioso ejercicio literario al ficcionar su vida en una 'falsa' autobiografía que nos sabe a mucha verdad. Y hay perlas, muchas, en ese libro que recomiendo a todos, aunque sólo sabrán apreciarlo los que tengan vocación religiosa. Sí, vocación de buscar a Dios, que significa simplemente vivir con entusiasmo, enthusiasmus, que viene del griego: inspiración divina. El arte, la vida artística, no deja de ser una de las maneras de vivir endiosísticamente, digamos.

Habla mucho d'Ors/Foucald de abajarse. Ser menos. Ser los últimos. Aspirar a no tener títulos, ni condecoraciones. El triunfo y el éxito sólo se miden en relación a esa vida entusiástica. El resto no tiene importancia. El propio Foucald, instalado en el Sahara, no llegó a evangelizar a ni un sólo acólito. Entre sus nobles propósitos estaba también el de unir a cristianos y musulmanes. En su sotana, como un elemento pop de hace cien años, llevaba una cruz con un corazón en la base que recuerda a los de Ágatha Ruiz de la Prada. Hay mucho que aprender de este sabio humilde, Charles de Foucauld, de la mano de Pablo D'Ors. 

Aprender sobre qué luchas bregar, y cuáles abandonar. La calidad de un hombre se mide también por la calidad de sus renuncias, llega a decir. Y él renunció a los oropeles de las sociedades geográficas francesas y a una carrera de laureles auspiciada por la República. Se fue al lugar más áspero del mundo, cuyo viento, el del desierto, llora por las noches el no ser pradera. 

He subrayado muchas frases de este libro afortunado. La relativa a la lucha dice así: 

«No hay que luchar, sólo vivir. Vivir: ésa es la cuestión. Y dejarnos envejecer. Y luego, finalmente, apagar la luz». 

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