Golitos

Vas a comprar chocolate porque a ella le gusta el chocolate y el sonriente tendero bangladesí te dice que tal tableta cuesta "uno cincuenta" y. como hay otra tableta con galletas cookies incorporada, de milka, que te gustó y pareció siempre más elegante que nestlé, y vale también "uno cincuenta", como indica, esta vez sí, la etiqueta del precio, te parece que dos tabletas de chocolate por tres euros es una buena cifra, redonda, más cara que lo que cuesta en el carrefour pero es que paso de entrar en el carrefour y hacer todo ese colón, porque entonces el precio sería más barato en dinero pero más caro en tiempo, así que le doy un billete de cinco euros al sonriente tendero y él me devuelve un antipática calderilla con la que no contaba. "Pero no costaba uno cincuenta?", le digo. "Uno setenta, amigo". Y pago, sí, pago, me bajo los pantalones, otra vez, encajo el golito y me voy rumiando sombras por la calle, porque ya no hay good deal, y a veces basta superar el umbral en una pequeña cifra para entrar en el terreno de lo malo, así como hay mayorías absolutas que se decantan por un voto. 

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