Desde el 19 de noviembre de 2005

Yo futuro,

Ayer me llegó un mail escrito por mí. Se conocen casos de internautas que se escriben a sí mismos, con nicks imposibles, Yasmine34, para pensar en un momento de despiste que su vida social/virtual es activa y plena, tipo Hillary Clinton. Ese no fue mi caso, aunque a veces he estado tentado. El mail me llegó desde future.me, una web de estética sobria y negra del futuro, diseñada para describir el presente y recibirlo, adobado de nostalgia y extrañeza, en el futuro que uno decida. 

¿Cómo seré yo cuando no sea yo?, que diría Ángel González. Hace dos años me escribí desde future.me. “Todo cambia, el espíritu permanece”, será que sí. Sigo siendo yo, me reconozco en el espejo del ascensor. Me leo y dudo en lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Volveré a escribirme, esta vez a diez años vista. El tiempo habrá modificado mi estructura, quizá el color de mi pelo y el de mis ideas, si es que las tengo, si es que tienen color. Mañana se juntarán ideas en blanco y negro en la plaza de Oriente, pero eso es otro tema. Qué poner, qué contarme. ¿Elegiré un estilo telegráfico?, ¿o inundaré de pathos autobiografíco esa pantallita exigua que enmarca con asepsia nuestra vida, esa vida que elegimos vivir descartando otras? Lo comprobaré en un 19 de noviembre de 2015 y quizá lo cuente aquí o allá, en algún lado. (Espero.) 

Qué habrá sido de la nivola, la primera nivola. Miguel Sánchez-Ostiz la leyó y me cubrió de elogios. Desde hace unas semanas me empiezo a sentir escritor, a tener clara mi lucha, cosa que me da una seguridad y una estabilidad nuevas en mí. Se la envié a Pere Gimferrer, pero hace de eso casi un mes y no hay noticias. También siento la presión, el riesgo, que conlleva apostar por un medio tan volátil como la literatura, renunciar a tener un lugar de trabajo "donde me vengan a buscar" (como la puta de 'Princesas'), no sé, introducirme demasiado en fangos brumosos, introvertidos, cerrados e y comprar día a día boletos para el psiquiátrico. 

Ayer recibí, digo, este mensaje de Future.me. Decía algo así como que quería ver más a C, que con ella vivía momentos plenos de felicidad. Puede que fuera cierto, puede que me autoengañara como un chino ingenuo. Era felicidad, sí, plena por momentos, pero una felicidad de salón, de estar feliz viendo una peli en el DVD, pero con todo por hacer, con los asuntos de la vida en los cimientos. Exprimí esa vía hasta el fondo, para desgracia de C, que recogío mi decisión tras 9 años. Bueno, ella tampoco se daba cuenta de nuestro crecimiento divergente, hasta que acabó por definirse. Fue un bonito amor pre-maduro. Ahora, con 26, como dijo Tolstói en sus diarios, comienzo a ver realmente el andamiaje a la vida, a la realidad, voy ganando claridad. Y ganas de poner todo eso por escrito.
Ah, he empezado un segundo curso literario: 'Luz de noviembre, de cinco a seis de la tarde'. Es un escrito sobre el 2000, aquel año, y lo tomo con respeto, es una empresa delicada, pero el boli va ágil. A ver en que queda. 

En fin, no quiero alargarme más. ¿Cómo seré yo con 36 años? Tendré hijos. Ahora se habla de los dinkis. Un tipo de pareja que pospone el tener hijos y con sus dobles ingresos se permiten una vida con cierta holgura, viajes, cultura, gastronomía. 36 años. Parece mucho, pero no es tanto. Sería una buena edad para encargar niños. Pero no sé, siento una necesidad de focalizar el amor que para entonces será apremiante. No sé cuanto aguantaré en este estado solteroso, creo que me gusta, pero ya digo, reduce la vida a un transitar, le falta algo, le falta alma, me temo. A ver, temo también enrocarme (que se dice ahora) en esta atalaya tan mía, tipo ramoniano, tipo El Náufrago y ser incapaz para la vida de dos. Ya veremos. 36 años. Cómo seré yo con 36? Si estoy vivo ya es bastante.

Comentarios

  1. Mi primera carta al yo futuro la escribí con 6 años, para cuando tuviese 20. Era una breve nota de venganza contra un muchacho de 8, calculando que a sus 22, el par de años que me sacaba no le defenderían de mis puños...

    Con 15 la rompí, cuando supe que la vida le había golpeado con mucha más fuerza de lo que yo mismo habría hecho...

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