Artículos

Se quejaba Julio Camba de que de hasta la visión sosegada del mar sentía el deber de un escribir un artículo. La vida como cantera, penosa, de artículos. Recuerdo esa sensación, me persiguió durante unos cuantos años en que confieso que "pensaba en blog". Forzaba asociaciones de ideas, recuerdos y hallazgos cotidianos para componer posts más o menos trabajados. De ahí surgió un libro que sigo regalando a amistades y conocidos. Luego me fui quitando. Quizá porque la recompensa no era muy allá va. Entiendo que un Jabois siga pensando en artículos, porque unos cuantos cientos de miles de euros al año sirven también para soñar con una mirada del mar 'desarticulada' si le da en invertir ese dinero en cuatro pisos en Getafe y entregarse a la contemplación y al negocio de bebidas destiladas al por menor.

A mí lo que me cansa ahora no es escribir artículos, ni posts, porque al notarme un tanto fuera del zeitgeist periodístico de mi tiempo, o al no tener la vanidad suficiente, se diría que no he perseverado lo suficiente en tener mi columnita, sino, a lo que voy, leerlos. Asisto algo perplejo al espectáculo diario de ver cómo escritores y amigos virtuales varios cuelgan sin ton ni son todo tipo de artículos sobre los más diversos temas, ora los refugiados y su problemática, ora la crisis de la cincuentena, ora la narrativa centroeuropea de vanguardia. Leer un artículo es también llevarlo a cuestas, sino uno lo socializa, que se decía antes, en verdad. Cabría preguntarse sobre el grado de socialización intelectual habitual de artículos, novelas, reportajes, bertsos del lector medio alto. 

Así que pululo un poco por el mundo con ese dosificador de información que a veces me condena a una actitud nada estridente pero quizá incómoda para algunos, por lo tocante con el silencio; también me gusta forzar los límites del silencio, horadas nuevas dimensiones de la conversación donde hay que ser muy Robert Scott para transitar sin sentirse incómodo; es entonces donde surge lo que llamo yo la conversación creativa, que no es tanto un vuelco de esas lecturas a vuelapluma de corto aliento, sino un sano y divertido ejercicio de estimulación mental. En Madrid, o das una conferencia o te la dan. 

Confío, no obstante, en abrir de nuevo las compuertas de mi receptividad informativa; saber reciclar, por no decir pulverizar, lo que recibo, y sumarme así al coro agórico de las lecturas de mi tiempo, cosa esta que no es que me quite excesivamente el sueño. 

Comentarios

Entradas populares