Cuadro

Lo veo casi todos los días, en el baño. Es una acuarela pintada por un arquitecto, amigo de mi padre, que recrea la entrada en Marsella. Se pintó en el 99. Ese arquitecto, tudelano, ignora que cada día que la veo hay una pequeña evocación a esas aventuras marinas de cuarentones más o menos felices, más o menos en la lucha. El arte es efímero si lo ves en un museo, pero eterno, profundo, íntimo, una compañía del alma, cuando lo incorporas a tu vida cotidiana. El pintor proyecta lo mejor que tiene, de lo que ha tenido, vivido, y yo lo recojo, lo recibo, pero él no lo sabe, quizá no lo sepa nunca. Pintar para nadie. 

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