La épica del trabajo

Está en los detalles. En saber enfrentarse a lo menor. En tener las agallas para hablar de clips, grapas, tintas de impresora e incluso gomas de borrar mientras se bosqueja tal reunión en un país extranjero en que quizá haya millones en juego y prestigio en liza. Ese volver al hábitat de la papelería donde entran en juego lo insignificante con lo relevante, siendo ambos necesarios para el éxito de la empresa. Requieren de una falta de soberbia habitual en el flâneur, en el hombre libre, en el bardo ensimismado, que si bien tiene algo de humillante puede que hagan más grande, más admirable, a quien se mezcla en tales asuntos de cotidiana pedestralía.

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