Funambulismo

Hace años dije en casa que estaba estresado y soltaron carcajadas. No entendían que el parado se refugia en una pereza venenosa, regalo envenenado de quien no tiene horarios que le atrapa como una hiedra con espinas de la que cada vez cuesta más liberarse. Uno de estos comentarios que se prestan a la jacaranda espontánea pero que para quien padece la cosa en sí no tiene tanto de gracioso. El tiempo es un amigo hostil de quien no te puedes fiar. Es fácil perderse en un su inmensidad sin asideros, colarse como la colilla por el sumidero en su falta de obligaciones y recompensas. Por eso es probable desarrollar una suerte de ansiedad que se traslada a todos los ámbitos de la vida, y lo que para uno es un mojito feliz, para el otro es una propina indigna con tufillo a fracaso. No hay paz para sentarse a producir en condiciones y la zanahoria del burro está cada vez más lejos y la metáfora de un Sísifo sin roca siquiera no es tan descabellada. La procrastinación aparece como una puta de la calle Desengaño a sacarnos los dineros.

Queda, sin embargo, la tímida certidumbre de ir granjeándose un título en una carrera valiosa, la de la conquista del silencio. Aparece, no obstante, el miedo a enloquecer y a estar haciendo millas por una ruta intransitada que infunde el respeto de lo no trillado. La vida como un deporte de riesgo del que sólo se sale derrotado o coronado de laurel. 

Pero sin llegar a tales extremos surge de vez en cuando una tabla en la que instalarse para ir bregando mal que bien, y entonces se acometen los retos con una fuerza nueva. Y se reinterpreta el pasado como un tiempo escurridizo que explica unos cuantos fiascos, unos cuantos pasos en falso de quien, quizá sin saberlo, era un funambulista cojo más que un náufrago.

Comentarios

  1. Expresas con palabras bien ensambladas los sentimientos de muchos de nosotros.

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  2. Expresas con palabras bien ensambladas los sentimientos de muchos de nosotros.

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