Donde dije Diego

La sensación de que los propios juicios no valen nada y que cambian de valor como la veleta del campanario gira según le dé el viento. Pero incluso el viento tiene una tendencia, viene de levante o poniente, y uno juzga que sus ventoleras no responden a un fenómeno categorizable, y todo queda en papel mojado, lo dicho ayer, lo escrito ayer, el post de ayer, incluso lo que pensaremos mañana, se convierte en polvo racional de imposible reciclado, y hay una contumacia con ese aroma a aire ya respirado de las iglesias que irritaba tanto a Josep Pla. 

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