Videojuego

No usaré el manido símil de volar, aunque tiene algo de eso, sino el del videojuego. Ese transitar por un mundo de un modo fácil y rápido, como cuando mi hermano y yo nos recorríamos hasta el último recodo del SuperMarioKart, en las felices tardenoches escolares. BiciMad es un invento moderno, no tanto en otras ciudades, sí en Madrid, que yo abrazo como abrazaron en su día las gentes de finales del XIX el tranvía. 

De pronto, la ciudad se achica y en menos de diez minutos uno puede estar, sin apenas esfuerzo más allá de cierto riesgo para su integridad física, en Alto de Extremadura habiendo partido de la Puerta del Ángel del Retiro. La idea de ser un Baroja de los desmontes a lomos de este Rocinante de dos ruedas que me parece un ingenio de nuestro tiempo como el velocípedo lo fue del suyo, sea el que fuera. Tiene lo mejor de una bici y lo mejor de una moto. En una moto no sientes la libertad y la ligereza de una bici; en una bici te dejas la piel. Aquí, hay sensación de ejercicio, porque se hace.

Pensaba en el Nani Moretti de Caro diario, cuando va por Roma, creo que es Roma, con su Vespa, creo que es una Vespa, una tarde de verano ociosa y feliz, aún en los últimos rescoldos de una juventud sentida como tal. En mi videojuego, mi moto a pedales tenía más encanto aún; pues de una bici no se espera mucho, y sin embargo, estos cacharros te lo dan, y supongo que de algo de eso está hecha la felicidad de una noche de verano.

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